Aislante natural fabricado con fibras de madera prensadas. Destaca por su gran inercia térmica, que protege del calor en verano, y por su transpirabilidad.
La fibra de madera es un aislante natural fabricado prensando fibras de madera, a veces con aglutinantes minerales o resinas. Frente a los aislantes sintéticos, su gran baza es la inercia térmica: además de aislar del frío, retrasa la entrada del calor, mejorando notablemente el confort en verano.
Su densidad, alta para un aislante, le da un elevado desfase térmico: el calor exterior tarda muchas horas en atravesar el material, llegando al interior cuando ya ha refrescado. Además es transpirable, lo que ayuda a regular la humedad del cerramiento.
Esa combinación de masa y capacidad para acumular calor es precisamente lo que la diferencia de los aislantes ligeros: el EPS o el PIR detienen muy bien el flujo de calor, pero apenas tienen inercia, por lo que en verano una cubierta se calienta enseguida. La fibra de madera, en cambio, amortigua la onda de calor y desplaza su pico varias horas, mejorando mucho el confort estival bajo cubierta. Su estructura fibrosa y densa la convierte además en un buen aislante acústico, superior al de las espumas.
Se usa mucho en cubiertas, fachadas y trasdosados transpirables, sobre todo en construcción con madera, bioconstrucción y rehabilitación de edificios antiguos, donde conviene dejar respirar al muro; para el faldón es útil consultar cómo aislar una cubierta.
Se presenta en paneles rígidos o semirrígidos de distintas densidades, lo que permite usarla como aislamiento entre vigas, como panel continuo bajo cubierta o como base de revoco transpirable en fachada. Al regular el vapor de agua, ayuda a evitar condensaciones intersticiales siempre que el cerramiento esté bien diseñado. Conviene protegerla de la humedad continua, ya que la tolera de forma puntual pero no en contacto permanente con el agua.
Es ideal si priorizas el confort de verano y la sostenibilidad, y es uno de los materiales sostenibles de construcción más valorados. Si buscas el menor precio o el máximo aislamiento por centímetro, opciones como el EPS o el PIR son más eficientes en coste y espesor, aunque sin su inercia. Hay que tener en cuenta su mayor peso al dimensionar el soporte y su carácter combustible (Euroclase E), que exige resolver la protección frente al fuego según el uso.
Su gran inercia térmica: retrasa la entrada del calor, lo que mejora mucho el confort en verano frente a aislantes ligeros como el EPS o la lana mineral.
Sí. Se fabrica con madera, un recurso renovable, y tiene una huella ambiental baja, por lo que es habitual en bioconstrucción.
Bastante bien. Su densidad y estructura fibrosa la hacen un buen aislante acústico, superior a las espumas.
Tolera la humedad puntual y regula el vapor, pero no debe estar en contacto continuo con agua; necesita un diseño transpirable bien resuelto.
Aislante de altísimas prestaciones formado por una estructura nanoporosa con más de un 90% de aire. Aísla con el mínimo espesor, ideal donde el espacio es crítico.
Ver ficha AislantesÁrido cerámico ligero (arlita) en forma de bolas porosas cocidas. Aligera hormigones y rellenos, drena, aísla y se usa también en jardinería y cubiertas.
Ver ficha AislantesAislante de papel reciclado que se insufla en cámaras y cubiertas. Ecológico, sin juntas y con muy buena inercia térmica y comportamiento acústico.
Ver ficha AislantesAislante natural obtenido del corcho tostado y expandido, sin aditivos. Buen comportamiento térmico y acústico, transpirable, imputrescible y muy sostenible.
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