Aislante de altísimas prestaciones formado por una estructura nanoporosa con más de un 90% de aire. Aísla con el mínimo espesor, ideal donde el espacio es crítico.
El aerogel es el aislante térmico de mayores prestaciones disponible en construcción. Se trata de un material nanoporoso —a menudo derivado de sílice— compuesto por más de un 90 % de aire atrapado en una red de poros diminutos, lo que le da la conductividad térmica más baja del mercado, en torno a 0,013–0,019 W/mK.
Sus poros son tan pequeños que dificultan enormemente el movimiento del aire y la transmisión del calor. El resultado es que aísla con la mitad de espesor que un buen aislante convencional como el PIR, resolviendo situaciones donde cada centímetro cuenta. Su bajísima conductividad térmica es la razón de que permita reducir tanto el grosor de aislamiento necesario.
La clave está en el llamado efecto Knudsen: los poros son más pequeños que la distancia que recorrería una molécula de aire entre choques, de modo que el aire apenas puede transmitir calor por conducción o convección dentro del material. A esa nanoestructura se suma que el aerogel de construcción es hidrófobo —repele el agua líquida pero deja pasar el vapor—, lo que mantiene el muro transpirable y conserva las prestaciones en ambientes húmedos.
Suele presentarse en forma de manta flexible y se usa en rehabilitación energética interior, trasdosados de mínimo espesor y en la resolución de puentes térmicos puntuales, además de en aislamiento técnico industrial.
Su principal freno es el precio, muy superior al de cualquier aislante convencional, lo que limita su empleo a casos donde ahorrar espesor compensa. Además, las mantas desprenden un fino polvo durante el corte y la colocación, por lo que conviene manipularlas con protección respiratoria, y su reacción al fuego varía según el producto y debe comprobarse para cada uso.
Tiene sentido cuando el espacio es el factor limitante y ahorrar grosor compensa su elevado precio; es una de las bazas que se valoran al elegir el mejor aislante térmico para la vivienda. Para grandes superficies en obra nueva, donde cabe un aislante normal, resulta difícil de justificar económicamente.
Por su estructura nanoporosa: atrapa aire en poros tan pequeños que casi anulan la transmisión de calor, logrando la conductividad más baja de los aislantes comerciales.
Cuando el espacio es crítico: en rehabilitación interior donde no quieres perder superficie, o para resolver puentes térmicos con el mínimo grosor.
Sí, los aerogeles de construcción son hidrófobos: repelen el agua líquida pero dejan pasar el vapor, manteniendo el muro transpirable.
Por su precio. Aísla como ningún otro material, pero su coste solo se justifica cuando ahorrar espesor compensa, no en grandes superficies estándar.
Árido cerámico ligero (arlita) en forma de bolas porosas cocidas. Aligera hormigones y rellenos, drena, aísla y se usa también en jardinería y cubiertas.
Ver ficha AislantesAislante de papel reciclado que se insufla en cámaras y cubiertas. Ecológico, sin juntas y con muy buena inercia térmica y comportamiento acústico.
Ver ficha AislantesAislante natural obtenido del corcho tostado y expandido, sin aditivos. Buen comportamiento térmico y acústico, transpirable, imputrescible y muy sostenible.
Ver ficha AislantesAislante térmico ligero y económico fabricado por expansión de perlas de poliestireno. El aislante más usado en fachadas (SATE) y cubiertas no expuestas al agua.
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