Aislante natural obtenido del corcho tostado y expandido, sin aditivos. Buen comportamiento térmico y acústico, transpirable, imputrescible y muy sostenible.
El corcho expandido (ICB, Insulation Cork Board) se obtiene triturando corcho y cociéndolo con vapor a alta temperatura. El propio corcho libera una resina natural (la suberina) que aglomera las partículas sin necesidad de aditivos químicos, dando como resultado un aislante 100 % natural, ligero y transpirable.
Más allá de su buen comportamiento térmico, el corcho destaca por ser imputrescible: no se pudre ni lo atacan los hongos o los insectos, lo que le da una durabilidad enorme. Es además un buen aislante acústico, especialmente frente a las vibraciones y el ruido de impacto, por lo que se usa bajo pavimentos; encaja bien entre los tipos de aislamiento acústico habituales.
Su estructura celular, formada por millones de pequeñas celdas cerradas llenas de aire, explica buena parte de estas cualidades: aísla térmicamente, amortigua y es elástico, recuperando su forma tras la compresión. Esa misma elasticidad lo hace idóneo como capa anti-impacto bajo solados flotantes, donde reduce la transmisión del ruido de pisadas a las viviendas inferiores, un requisito del CTE DB-HR.
Al ser transpirable, deja salir el vapor de agua del muro, lo que evita condensaciones y humedades en edificios antiguos. Y su balance ambiental es excelente: el alcornoque no se tala para obtener el corcho (se descorcha cada varios años) y el material es reciclable y biodegradable.
El descorche, además, no daña al árbol: el alcornoque regenera su corteza y puede vivir más de 150 años produciendo corcho de forma sostenible. Los alcornocales (la dehesa) son ecosistemas valiosos que fijan CO₂ y sostienen biodiversidad, de modo que aprovechar el corcho contribuye a mantenerlos. El producto final no incorpora aditivos, resinas sintéticas ni retardantes, lo que facilita su reciclaje y su retorno al ciclo natural.
Los paneles de corcho expandido se colocan a tope, cuidando que las juntas queden bien selladas para no dejar puentes térmicos, y sin comprimirlos en exceso, ya que perderían parte de su capacidad aislante. Al ser combustibles (Euroclase E), conviene protegerlos con el revestimiento adecuado y no dejarlos expuestos a la intemperie de forma permanente.
Es el aislante de referencia en bioconstrucción y rehabilitación, donde se valoran la transpirabilidad y la ecología, atributos propios de los materiales sostenibles de construcción. Antes de decidirte conviene repasar sus ventajas y desventajas. Frente a aislantes sintéticos como el EPS o el XPS, gana en sostenibilidad y durabilidad a cambio de un mayor coste y una conductividad ligeramente superior.
Sí, ofrece un buen aislamiento térmico y un comportamiento acústico destacado, aunque su conductividad es algo mayor que la de aislantes sintéticos como el PUR o el PIR.
Es de los aislantes más sostenibles. Se obtiene del alcornoque sin talar el árbol, no lleva aditivos y es reciclable y biodegradable.
Muy bien. Es transpirable e imputrescible, por lo que no se pudre ni pierde prestaciones en ambientes húmedos bien diseñados.
Por su origen natural y su proceso de producción más limitado. A cambio, ofrece gran durabilidad y un perfil ecológico difícil de igualar.
Sí, es muy apreciado para amortiguar ruido de impacto y vibraciones, especialmente bajo pavimentos.
Aislante de altísimas prestaciones formado por una estructura nanoporosa con más de un 90% de aire. Aísla con el mínimo espesor, ideal donde el espacio es crítico.
Ver ficha AislantesÁrido cerámico ligero (arlita) en forma de bolas porosas cocidas. Aligera hormigones y rellenos, drena, aísla y se usa también en jardinería y cubiertas.
Ver ficha AislantesAislante de papel reciclado que se insufla en cámaras y cubiertas. Ecológico, sin juntas y con muy buena inercia térmica y comportamiento acústico.
Ver ficha AislantesAislante térmico ligero y económico fabricado por expansión de perlas de poliestireno. El aislante más usado en fachadas (SATE) y cubiertas no expuestas al agua.
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