Roca caliza porosa de tonos cálidos, con huecos característicos. Muy usada en suelos, revestimientos y fachadas por su estética noble y atemporal.
El travertino es una roca caliza formada por la precipitación de minerales en manantiales y aguas termales. Su rasgo más característico son los huecos o poros que recorren su superficie, junto a unos tonos cálidos (beige, crema, ocre) que le dan un aspecto noble y atemporal muy reconocible.
Es una piedra natural incombustible (Euroclase A1) que se ha usado en arquitectura desde la Antigüedad. Como material para revestimientos y pavimentos de piedra natural, se enmarca en normas como la UNE-EN 1469 (placas para revestimiento) y la UNE-EN 12058 (baldosas para suelos y escaleras).
Esos poros se pueden dejar a la vista, para un acabado rústico, o rellenar y pulir para obtener una superficie lisa y fácil de limpiar. El travertino tiene una dureza media y un acabado natural antideslizante que lo hace agradable en zonas húmedas como baños y spas.
El travertino también puede cortarse en dos direcciones respecto a sus vetas: el corte en contraveta muestra las nubes y vetas alargadas, mientras que el corte transversal revela un patrón más moteado. La elección del acabado —pulido brillante, apomazado mate o natural— condiciona tanto el aspecto como el deslizamiento de la pieza.
Como toda la piedra caliza, es poroso y sensible a los ácidos: el limón, el vinagre o ciertos limpiadores lo marcan. Por eso conviene sellarlo con un hidrófugo antimanchas y limpiarlo solo con productos neutros, evitando los ácidos que dañarían su superficie.
En cocinas, donde son habituales las salpicaduras ácidas, el sellado debe renovarse periódicamente y conviene actuar pronto ante cualquier derrame. En exterior con heladas hay que escoger un travertino de baja absorción y tratarlo, ya que el agua alojada en sus poros puede dañar la piedra al congelarse.
Brilla en suelos, revestimientos, fachadas y baños, donde se valora su calidez. Pertenece a la familia de la piedra natural y, como el mármol, pide cuidado con los ácidos y un buen sellado. Para situarlo entre las demás variedades conviene repasar los tipos de piedra natural, y si lo valoras como revestimiento de fachada ayuda la guía de mejores materiales para fachada.
Es una roca caliza formada por precipitación, de tonos cálidos y con huecos característicos que le dan su aspecto inconfundible.
Es habitual rellenarlos con masilla y sellar la superficie para facilitar la limpieza, aunque también se deja con acabado natural más rústico.
Sí, por su porosidad y su sensibilidad a los ácidos. Un buen sellado y evitar productos ácidos lo protegen.
Se usa en fachadas y zonas nobles, pero en climas con heladas conviene elegir un travertino adecuado y tratarlo correctamente.
Pieza de piedra u hormigón para pavimentos exteriores. Muy resistente al tráfico, permeable según el sistema y fácil de reparar pieza a pieza.
Ver ficha PiedraRoca sedimentaria formada por granos de arena cementados. De tonos cálidos y fácil de labrar, muy usada en fachadas y restauración, aunque porosa y abrasiva.
Ver ficha PiedraRoca volcánica oscura, muy dura y densa, de gran resistencia al desgaste y a la intemperie. Usada en pavimentos, fachadas y adoquines, y como árido de calidad.
Ver ficha PiedraRoca sedimentaria de carbonato cálcico, de tono claro y aspecto cálido. Fácil de trabajar y muy usada en fachadas, suelos y sillería, aunque sensible a los ácidos.
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