Pieza de piedra u hormigón para pavimentos exteriores. Muy resistente al tráfico, permeable según el sistema y fácil de reparar pieza a pieza.
El adoquín es una pieza modular para pavimentos exteriores, de piedra natural (habitualmente granito) o de hormigón prefabricado. Su colocación pieza a pieza sobre una base preparada da un pavimento muy resistente, duradero y con una estética clásica difícil de igualar. El de piedra se rige por la UNE-EN 1342 y el de hormigón por la UNE-EN 1338, que regulan resistencias, tolerancias y comportamiento al desgaste.
El adoquinado soporta perfectamente el tráfico rodado y el paso del tiempo. Una de sus grandes ventajas es que, si una zona se daña o hay que acceder a una instalación enterrada, se levantan y reponen solo las piezas afectadas, sin rehacer todo el pavimento, algo imposible con una solera continua.
Su comportamiento frente a cargas también es favorable: al estar formado por piezas independientes trabadas entre sí, el pavimento absorbe pequeños movimientos del terreno sin fisurarse, repartiendo los esfuerzos por rozamiento entre adoquines. La textura superficial, además, lo hace antideslizante incluso mojado, una ventaja en rampas y zonas de paso.
Con juntas abiertas o piezas drenantes, el adoquín permite que el agua de lluvia se filtre al terreno en lugar de acumularse, una solución cada vez más valorada en la gestión sostenible del agua urbana. Su talón de Aquiles es la base: si no se compacta bien o las juntas se descuidan, las piezas se asientan.
Un adoquinado correcto es en realidad un conjunto de capas: una base compactada que reparte las cargas, un lecho de arena de asiento de espesor uniforme y las piezas, rematadas con un rejuntado de arena que las traba. Las pendientes de drenaje deben preverse de antemano y los bordes confinarse con bordillos o encintados para que el conjunto no se desplace con el uso.
Domina calles, plazas, accesos, aparcamientos y zonas peatonales. Frente a una solera continua de hormigón impreso, gana en reparabilidad y permeabilidad, a cambio de una colocación más laboriosa. Para compararlo con otras soluciones a la intemperie, ayuda la guía de pavimentos de exterior.
Puede ser de piedra natural (granito) o de hormigón prefabricado. El de hormigón es más económico y uniforme; el de piedra, más noble y duradero.
Puede serlo. Con juntas abiertas o piezas drenantes, el agua se filtra al terreno, lo que ayuda a la gestión del agua de lluvia.
Casi siempre por una base mal compactada o juntas sin arena. Con una base correcta, el adoquinado es muy estable y duradero.
Sí, muy fácilmente: se levantan y reponen las piezas afectadas sin tener que rehacer todo el pavimento.
Roca sedimentaria formada por granos de arena cementados. De tonos cálidos y fácil de labrar, muy usada en fachadas y restauración, aunque porosa y abrasiva.
Ver ficha PiedraRoca volcánica oscura, muy dura y densa, de gran resistencia al desgaste y a la intemperie. Usada en pavimentos, fachadas y adoquines, y como árido de calidad.
Ver ficha PiedraRoca sedimentaria de carbonato cálcico, de tono claro y aspecto cálido. Fácil de trabajar y muy usada en fachadas, suelos y sillería, aunque sensible a los ácidos.
Ver ficha PiedraRoca metamórfica muy dura y rica en cuarzo, de gran resistencia al rayado, a las manchas y a la intemperie. Muy apreciada en encimeras y revestimientos.
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