Metal de altísima resistencia a la corrosión y excelente relación resistencia/peso. Usado en arquitectura singular, fachadas emblemáticas y elementos de gran durabilidad.
El titanio es un metal de propiedades excepcionales: combina una resistencia a la corrosión casi total con una excelente relación resistencia/peso. En construcción se reserva para arquitectura singular, donde su durabilidad y su acabado único justifican un precio muy elevado.
Con una densidad en torno a los 4.500 kg/m³, pesa bastante menos que el acero pero conserva una gran resistencia, de ahí su relación resistencia/peso superior. Es incombustible (Euroclase A1) y, en el ámbito de los metales para construcción, sus especificaciones se asocian a normas como la ASTM B265 y, en aceros afines, la UNE-EN 10088.
Al contacto con el aire forma una capa de óxido estable que lo protege de forma permanente, incluso en ambientes marinos agresivos. Es ligero para lo resistente que es y su vida útil supera con holgura el siglo.
Esa capa de pasivación se regenera sola si se daña, lo que hace al titanio prácticamente inmune a la corrosión sin necesidad de recubrimientos. Su superficie, además, ofrece reflejos sutiles y cambiantes según la luz, un rasgo estético que explica buena parte de su atractivo en fachadas singulares.
Se emplea en revestimientos de fachada y cubiertas de edificios icónicos —es la opción más exclusiva entre los mejores materiales para fachada, con el Museo Guggenheim de Bilbao como caso más célebre— y en elementos expuestos a ambientes muy corrosivos.
Se monta como chapa fina sobre una subestructura de fijación anclada al muro o la cubierta. Hay que evitar el contacto directo con otros metales para no generar pares galvánicos, y prever plazos amplios por su difícil disponibilidad y mecanizado.
Solo tiene sentido en proyectos singulares donde la durabilidad extrema y la estética priman sobre el coste. Para casi todos los usos, el acero inoxidable ofrece muy buena resistencia a la corrosión a una fracción del precio.
Emplearlo donde basta el inoxidable encarece la obra sin motivo, por lo que su uso debe responder siempre a una decisión arquitectónica deliberada. En los proyectos que lo justifican, devuelve una durabilidad y un acabado difícilmente igualables por ningún otro metal.
Porque forma de inmediato una capa de óxido muy estable que lo protege, haciéndolo prácticamente inmune a la corrosión incluso en ambientes marinos.
En fachadas y cubiertas de edificios singulares y monumentales, donde se busca durabilidad extrema y un acabado único; el ejemplo más famoso es el Museo Guggenheim de Bilbao.
Sí. Con una densidad mucho menor pero gran resistencia, su relación resistencia/peso supera a la del acero, aunque su precio es muy superior.
Por su elevado coste y su difícil mecanizado. Solo se justifica en proyectos singulares; para la mayoría de usos basta el acero inoxidable.
Metal ligero y resistente a la corrosión, muy usado en carpintería, fachadas y cerramientos. Un tercio del peso del acero y totalmente reciclable.
Ver ficha MetalesAleación de cobre y estaño, resistente a la corrosión y de aspecto noble. Muy usado en herrajes, ornamentación, esculturas y elementos arquitectónicos singulares.
Ver ficha MetalesMetal noble, dúctil y excelente conductor, muy usado en fontanería, electricidad y cubiertas. Forma una pátina protectora que lo hace muy duradero.
Ver ficha MetalesAleación de hierro con alto contenido en carbono, moldeable y muy resistente a compresión. Tradicional en tuberías, columnas, radiadores y elementos decorativos.
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