Metal de altísima resistencia a la corrosión y excelente relación resistencia/peso. Usado en arquitectura singular, fachadas emblemáticas y elementos de gran durabilidad.
El titanio es un metal de propiedades excepcionales: combina una resistencia a la corrosión casi total con una excelente relación resistencia/peso. En construcción se reserva para arquitectura singular, donde su durabilidad y su acabado único justifican un precio muy elevado.
Con una densidad en torno a los 4.500 kg/m³, pesa bastante menos que el acero pero conserva una gran resistencia, de ahí su relación resistencia/peso superior. Es incombustible (Euroclase A1) y, en el ámbito de los metales para construcción, sus especificaciones se recogen en normas internacionales como la ASTM B265 (planchas y chapas de titanio).
Al contacto con el aire forma una capa de óxido estable que lo protege de forma permanente, incluso en ambientes marinos agresivos. Es ligero para lo resistente que es y su vida útil supera con holgura el siglo.
Esa capa de pasivación se regenera sola si se daña, lo que hace al titanio prácticamente inmune a la corrosión sin necesidad de recubrimientos. Su superficie, además, ofrece reflejos sutiles y cambiantes según la luz, un rasgo estético que explica buena parte de su atractivo en fachadas singulares.
Se emplea en revestimientos de fachada y cubiertas de edificios icónicos —es la opción más exclusiva entre los mejores materiales para fachada, con el Museo Guggenheim de Bilbao como caso más célebre— y en elementos expuestos a ambientes muy corrosivos.
Se monta como chapa fina sobre una subestructura de fijación anclada al muro o la cubierta. Hay que evitar el contacto directo con otros metales para no generar pares galvánicos, y prever plazos amplios por su difícil disponibilidad y mecanizado.
Solo tiene sentido en proyectos singulares donde la durabilidad extrema y la estética priman sobre el coste. Para casi todos los usos, el acero inoxidable ofrece muy buena resistencia a la corrosión a una fracción del precio.
Emplearlo donde basta el inoxidable encarece la obra sin motivo, por lo que su uso debe responder siempre a una decisión arquitectónica deliberada. En los proyectos que lo justifican, devuelve una durabilidad y un acabado difícilmente igualables por ningún otro metal.
Porque forma de inmediato una capa de óxido muy estable que lo protege, haciéndolo prácticamente inmune a la corrosión incluso en ambientes marinos.
En fachadas y cubiertas de edificios singulares y monumentales, donde se busca durabilidad extrema y un acabado único; el ejemplo más famoso es el Museo Guggenheim de Bilbao.
Sí. Con una densidad mucho menor pero gran resistencia, su relación resistencia/peso supera a la del acero, aunque su precio es muy superior.
Por su elevado coste y su difícil mecanizado. Solo se justifica en proyectos singulares; para la mayoría de usos basta el acero inoxidable.
Metal ligero y resistente a la corrosión, muy usado en carpintería, fachadas y cerramientos. Un tercio del peso del acero y totalmente reciclable.
Ver ficha MetalesAleación de cobre y estaño, resistente a la corrosión y de aspecto noble. Muy usado en herrajes, ornamentación, esculturas y elementos arquitectónicos singulares.
Ver ficha MetalesMetal noble, dúctil y excelente conductor, muy usado en fontanería, electricidad y cubiertas. Forma una pátina protectora que lo hace muy duradero.
Ver ficha MetalesAleación de hierro con alto contenido en carbono, moldeable y muy resistente a compresión. Tradicional en tuberías, columnas, radiadores y elementos decorativos.
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